El blog de Oxytours

27992: El corazón de la roca.

Era sólo una roca. Magnífica e imponente, cierto. Pero sólo una roca.

Para mi, que acababa de de contorsionar mi cuerpo para llegar hasta pájaros de tormenta, de mirar a los ojos de los delfines, de no pestañear absorto ante la oscura y fría belleza de la Llosa, sólo era una roca. Y pronto, muy pronto, Ifach me mostró lo equivocado que estaba, exhibiéndose ante mí como el gigante de piedra que es.

Todo cambió a los pocos días de mi llegada, justo lo que tardé en recorrer una antigua senda de pescadores fuera de la ruta habitual. Recuerdo el camino de herradura al cruzar la hendidura, parcialmente derrumbado, con un margen de piedra seca de varios metros de altura, seguramente de los años 20 del siglo pasado. Tanto esfuerzo absolutamente olvidado. Sentado en la cueva, quizás refugio para los pescadores de la pesquera del Barranquet, fue entonces cuando Ifach comenzó a reclamar su singularidad.

Parc Natural del Penyal d’Ifac, visto desde el morro de Toix

La roca crecía a mis ojos, cada día más alta. No sólo por las especies de plantas rupícolas que allí se encontraban, tan a mano, o por la posibilidad de seguir con detalle nidificantes tan escasas como el Cormorán moñudo sino también por la gran oportunidad que suponía utilizar lo que menos gusta de Ifach: la afluencia masiva de visitantes, convirtiéndola en un desafío genial para compartir la importancia y excepcionalidad de su Patrimonio.

Pero había una cosa más, algo oculto, lo más grande de la roca, quizás su mayor secreto, quizás su corazón, que quiso compartir de manera generosa conmigo y que me marcó para siempre. Allí, bajo unas lonas, a la izquierda del camino, esperaba su 4ª campaña de excavación la Pobla Medieval de Ifach.

Es imposible resumir en unas pocas líneas la importancia de la excavación de esta ciudad amurallada de finales del siglo XIII, impulsada por el Museo Arqueológico Provincial de Alicante/MARQ, el Ayuntamiento de Calp y la Generalitat Valenciana a través del Parc Natural del Penyal d’Ifac. El trabajo realizado en los cortes para dejar al descubierto nuestro Patrimonio, para interpretar y mejorar nuestro conocimiento sobre cómo era la vida de nuestros antepasados en época medieval, es digno de elogio. El sistema de acceso a la ciudad, el inventariado de torres defensivas, la increíble extracción de la bóveda de crucería de la capilla sur y su clave, la planta completa de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles. Todo, cada pieza de sillería, cada palmo de lienzo de muralla, cada moneda, grafito, estancia o exhumación de su necrópolis. Todo formando parte de un trabajo increíble posicionando nuestro Patrimonio en el lugar que merece, capitaneado por José Luis Menéndez Fueyo.

Entrada y planta de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, Ifac (Primera mitad siglo XIV)

Pero lo que más nos impresionó del trabajo que allí se realiza fue algo que en realidad tiene poca relación (o mucha) con nuestro Patrimonio. Lo primero, cómo abrieron los trabajos y novedades de la excavación a cualquier persona interesada a través de las redes sociales y del blog. Cualquier cosa destacada sobre los trabajos, piezas singulares descubiertas, cambios en las hipótesis formuladas sobre la Pobla conforme avanzaban los cortes y se comprobaban por fin sobre el terreno. Todo. Poniendo al alcance de cualquier usuario los avances de la excavación, con absoluto rigor científico pero redactado de forma accesible para todos.

Quizás ésto ha sido, y lo es aún en día, un problema de los trabajos técnicos relacionados con nuestro Patrimonio en el ámbito que sea, ambienta o cultural. Los trabajos los desarrollan los técnicos, los avances los conocen los técnicos y a menudo los resultados completos se difunden entre los técnicos, alojados en memorias de proyectos y publicaciones a menudo de difícil acceso y compresión para el ciudadano de a pie. Sin embargo esa democratización de la información que se obtenía en Ifach a través de las redes, ya por el año 2009, destacaba sobremanera. Quizás por eso también siempre nos pareció notable el trabajo que en esta línea mantiene Carolina Frías, arqueóloga municipal de l’Alfàs del Pi en el Museo Villa Romana del Albir, así como con el conjunto patrimonial del municipio.

Necrópolis de Ifach

Lo segundo, derivado de su forma de trabajar en los cortes, en gran parte con voluntarios. Durante los dos meses estivales de excavaciones, estudiantes de diversas universidades españolas y extranjeras, así como particulares interesados en la materia, se desplazan hasta Calp para participar en esta excavación. El reconocimiento por parte de la dirección de la excavación al trabajo de estos voluntarios antes, durante y después de cada campaña siempre nos pareció algo a destacar. Mucho más allá de dar las gracias, conscientes de la importancia del voluntario, del trueque entre su tiempo libre y la formación a pie de corte, siempre han tenido en cuenta el trabajo de estos colaboradores reconociéndolo como merecen. Recordamos la exposición que tuvo lugar en el MARQ “Calp, Arqueología y Museo” entre diciembre de 2009 y febrero de 2010. En una de las salas dedicada a la excavación en Ifach, una de las pantallas exhibía, de manera ininterrumpida, fotos y los nombres de los voluntarios que habían colaborado hasta esa fecha en los trabajos. Gente anónima para casi todo el mundo, pero vitales para el desarrollo del proyecto.

Participantes en la excavación y personal del Parc Natural. Verano de 2010

 

Una gran labor, recuperar para todos nuestro Patrimonio, en este caso, oculto bajo metros de escombros de viejos hoteles demolidos. Convirtiendo balsas de riego en las iglesias que eran. Poniendo tiritas en los cortes eternos sufridos por capillas maltrechas. Un trabajo de gran calado, de gran altura. Altura a la que a menudo nuestras administraciones les cuesta llegar. Ignoramos los motivos, en qué mesa de qué despacho a falta de qué firma está paralizada la propuesta de musealización de uno de los edificios del Parc Natural para dotarlo de piezas arqueológicas extraídas de la excavación, de paneles interpretativos, de medios audiovisuales, para convertirlo en valiosísimo apéndice de la Pobla, a escasos 100 metros de la misma, donde más de 100.000 personas cada año podrían conocer y disfrutar el trabajo realizado por los arqueólogos sobre lo que hubo, lo que desapareció, lo que vuelve a haber. Huele a eterna oportunidad perdida, esperamos que no definitivamente.

La Pobla medieval de Ifach es Bien de Interés Cultural desde el 7 de marzo de 2011, con el número de expediente 27992. Un hito Patrimonial de primer orden, un ejemplo para todos de proximidad y difusión de nuestra historia, un magnífico exponente de reconocimiento a las personas implicadas en su realización.

Este año 2015 el proyecto cumple 10 años. Felicidades. Ojalá cumpla muchos más.

Logo 10 años excavación en Ifach

 

Ifach podría ser sólo una roca, magnífica e imponente. Pero con un corazón preparado para marcar a los que se encuentran con ella en el camino. Pretender salir indemne de allí era sólo pura fantasía.

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Desde aquí, nuestra gratitud por su trabajo a Jose Luis Menéndez, Joaquin Pina, José Torre , Roberto Ferrer, Alicia Castelló, Miriam Parra, Julia del Olmo, Diana López, Isabel Zafra, Mª Ángeles Tena, Juan Martínez, Miguel Martínez, Jose Mª Moreno, Dani Zambrana, Stefania Malagutti y tantas y tantas personas más relacionadas con el proyecto, de las que aprendimos cosas que ni ellos mismos imaginan. Gracias.

El blog del Proyecto Ifach, aquí.

La exposición “Calp, Arqueología y Museo” MARQ (diciembre 2009-Febrero 2010) aquí.

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Toda persona que haya pasado por Ifach queda marcada de forma irremediable. En mi caso, doblemente, gracias a esta marca de cantero en la entrada de la capilla sur. Sin saber bien por qué, pasó a ser parte de mi y ahí se quedó por siempre.

 

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Para el tiempo. Sólo elige cómo hacerlo

El tiempo se puede parar a voluntad, además me atrevería a decir que sin demasiado esfuerzo. Y no es que exista una necesidad expresa para hacerlo, simplemente decides detenerlo. Lo quieres, lo haces. De todas maneras es cierto que puede ocurrir de manera casual, sin previo aviso. Todo se detiene durante un instante fugaz y luego, y esto es lo bueno, te lleva atrás, a reencontrarte con tus recuerdos, quizás con tus raíces.

Mi método recurrente para parar el tiempo y volver atrás es abrir una botella de masaje para después del afeitado guardada a buen recaudo en casa. Abro la botella, huelo su fragancia y sí, se para el tiempo y vuelvo atrás unos cuantos años y oigo la voz de mi hermano, clara y potente. Se para el tiempo y aunque los recuerdos muerden, vuelvo a ellos sin remedio.

Hace pocos días el tiempo se paró también mientras hojeaba una guía de plantas, justo al ver una foto de la Corona de rey (Saxifraga longifolia) y sin poder evitarlo volví a aquellas primeras caminatas absolutamente frías de hace muchos años, subiendo por la pista de Partagat y buscando el Pas de la Rabosa sólo para ver esas mismas Coronas de rey, bordeando la sima y sentándome allá arriba, maravillado de la belleza matemática de su roseta de hojas basales (no creí la existencia de la secuencia de Fibonacci hasta que ví el primer ejemplar de esta planta) siendo de los pocos que la prefiere sin su espectacular y dramáticamente única flor. Magnífica, como Aitana, como las islas a lo lejos, como el vuelo de las chovas. Se paró el tiempo y recordé la extraña sensación de soledad allí arriba, de sentirte felizmente raro.

Oxytours_corona_de_rey

Sin embargo, una tercera forma de parar el tiempo se presentó de repente, casi a traición. Fue en Polop, en Ca l’Angels, la primera vez que estuve allí. Nada más entrar me cautivó el suelo de la estancia. El pavimento de mosaico, series de losetas multicolor repetidas por doquier (de nuevo belleza matemática) recuperadas de mi memoria infantil. Pero eso no paró el tiempo, todo se frenó justo al primer bocado, cuando probé la escalibada que tenía delante. Creo que fue la simple combinación de los sabores del tomate, la melva y el olor del aceite de oliva. Claro que se todo se detuvo, fui lanzado con fuerza hacia atrás hasta llegar a enormes cocinas olvidadas con mesas y sillas también enormes y chimenea, donde una navaja algo oxidada cortaba jamón y pan, y un tomate como sabía como ese con un aceite que olía como ese.

Sin duda alguna los sabores auténticos de esta casa te conectan con tus raíces, con tu origen. Porque lo que tienes en el plato es el resultado de algo que poco tiene que ver con la simple transformación de materias primas. La tradición en la elaboración, que va más allá que de madre a hija, que se pierde en la memoria de los valles y calas de esta tierra que ha hablado idiomas que sólo las montañas recuerdan, pero que dio lugar con el paso de los siglos un patrimonio gastronómico que nos identifica como pueblo, nuestro y para todos. La tremenda calidad de los productos utilizados en su elaboración, los tiempos pausados en el fuego, el respeto y la pasión por lo que se crea, el esfuerzo del día a día… el resultado crea un vínculo entre sus historias y las tuyas, un puente entre territorios, los pasados y los presentes.

calangels

A alguien le puede resultar curioso una entrada donde se hable de gastronomía y no haya ni una sola fotografía de platos magníficamente presentados. Debe ser porque en esta ocasión se habla de las personas y de las manos que crean y sirven estos platos, por lo que hemos preferido ilustrar esta entrada con Vicenta y Paco Teuler, corazón y alma, alma y corazón de Ca l’Angels. Porque son ellos los que lo detienen todo gracias a la perfecta comunión de tradición e innovación de la que hacen gala y  al profundo conocimiento del medio natural que les rodea y los elementos que de él utilizan. En esta entrada, las fotos de los platos no son necesarias, incluirlas es del todo inútil si lo que pretendemos es disfrutar de los sabores y sensaciones de nuestra tierra.

Eso hay que sentirlo. Hay que ir allí. Y que se pare el tiempo.

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– Queremos agradecer a los amigos del restaurante Ca l’Angels de Polop el permitirnos utilizar la foto que capitanea este post. Su web, aquí. Y su blog, también.

– Gracias a Laura Martín por su foto, sus cangrejeras, y por ser inmensa. Su blog, aquí.