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El blog de Oxytours

Serra Gelada, los secretos del acantilado

“…Quisiera poder describir con fidelidad la sierra del Arabí, en el lado que el mar lame, que el mar acaricia. A la luz de la luna, entre la indecisión de las sombras, sus peñascos desgajados, medio cubiertos por el agua, parecían columnas rotas, estatuas mutiladas, ruinas de templos, aras hechas mil pedazos, altares antiguos heridos y destrozados, dioses que el mar estaba devorando; en una palabra, el naufragio de un pueblo, de una civilización. Yo algunas veces temblaba delante de aquellos escollos inmensos, que se perdían en el cielo, y que parecía que al menor beso de la tranquila ola se embreaban, amenazando desplomarse sobre nosotros…”

Es imposible estar a los pies de los acantilados de la sierra del Arabí, o Serra Gelada, y no sentir lo mismo que describió en 1881 Emilio Castelar, quién fuera presidente de la I República española, un escalofrío infinito mezcla de admiración, de temor, de respeto. Castelar escribió sobre estos acantilados de manera admirable y fue testigo de su belleza sin huella, de las cuevas donde se refugiaban las focas monjes, donde los pescadores aún podían recoger el agua dulce que destilaban sus techos, el mismo lugar donde la recogieron los piratas berberiscos durante más de 300 años.

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Emilio Castelar y Ripoll. Presidente de la Primera República Española entre 1873 y 1874.

Porque es cierto que ya sea caminando desde la cala de Ti Ximo buscando la torre de les Caletes o recorriendo el sendero de su cresta, la Serra Gelada siempre sorprende, impresiona y por supuesto intimida, especialmente si la observamos desde el mar. El momento en el que ganas la punta Bombarda con el faro del Albir y los restos de la torre vigía allá arriba, cuando giras buscando la Mitjana y aparece el acantilado en toda su extensión, en ese preciso momento las palabras de Castelar adquieren todo su significado, de golpe, sin previo aviso. No en vano dos elementos paisajísticos se unen aquí para enmudecimiento de quienes los observan. El Mediterráneo horizontal e infinito junto la enorme pared vertical del acantilado, finita, pero igualmente interminable.

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Punta Bombarda y Faro de l’Albir (Serra Gelada). A la derecha del faro se observa la base de la torre vigía de la Bombarda, del siglo XVI. Foto: Antonio Sáez.

Entre los muchos tesoros que esconde este acantilado quizás el más importante no está relacionado con piratas, joyas botánicas o aves protegidas, siendo más bien un preciado recuerdo de climas remotos, de hace miles de años. Un magnífico legado en forma de duna. Pero no se trata de arena normal sino arena anclada en el acantilado, colgada de él, abrazada a él para siempre.

La duna fósil de Serra Gelada constituye unos de los hitos geológicos más importantes de la Comunidad Valenciana. Sus extraordinarias dimensiones (250 metros de altura y un volumen de arena estimado en 16 millones de metros cúbicos) la convierten en la duna de mayor altura del continente europeo. Además destaca su singularidad  botánica, debido al conjunto de especies de arenales que en ella se encuentra difíciles de localizar en conjunto en otros lugares de la provincia. Pero casi nada de esto es comparable a la primera vez que la ves, que tomas consciencia de su magnitud, de su colosal altura, de su excepcional belleza.  Belleza amenazada por la erosión continuada producida por el agua de la salida de la depuradora existente al otro lado de la sierra, mordiéndola sin descanso, problema cuya solución alguien debería afrontar de una vez por todas.

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Duna fósil de Serra Gelada desde el mar, frente a las calizas jurásicas del morro de Sant Jordi.

Esta sierra litoral alicantina, junto con su frente marino y las bahías de Benidorm y Altea fue declarada Parque Natural por la Generalitat Valenciana en 2005. Más de 5.500 hectáreas de acantilados y fondos marinos protegidos situadas en los términos municipales de 3 localidades de gran importancia para el sector turístico de nuestra región como son el Albir en l’Alfàs del Pi, Altea y por supuesto Benidorm, cuyo icono identificativo por excelencia, su isla, está incluida dentro del Parque Natural de la Serra Gelada.

Un Espacio Natural con un excepcional valor ambiental y cultural donde encontramos escasas aves marinas como el Paiño o el Cormorán moñudo, praderas de la planta marina Posidonia oceanica en las bahías y entre los haces de esta, ejemplares de Nacras de gran belleza,  además de plantas rupícolas en el acantilado como la amenazada Silene d’Ifac y dunares como la endémica Linaria arabiniana cuyo nombre científico está relacionado con el topónimo de esta sierra, Penyes de l’Arabí. Desde halcones y delfines hasta peces luna, torres vigía, pecios, plantas atlánticas como la Camariña o incluso un parche arrecifal de coral fósil, mil y un recursos ambientales y culturales en una zona donde hasta hace poco nadaban las focas monjes, se trabajaba la minería de ocre y se calaban almadrabas.

Linaria Arabiniana Serra Gelada
Bellísimo ejemplar de Linaria arabiniana, endemismo iberolevantino que crece en la duna fósil de Serra Gelada y otros arenales de Alicante.
Ola fósil Serra Gelada
Detalle de la duna fósil de Serra Gelada, constituida por eolanitas blancas parcialmente erosionadas por acción del viento.

Serra Gelada está enclavada en uno de los destinos turísticos más importantes del estado español. Más de 250.000 personas recorren la ruta del faro del Albir, navegan hasta la isla de Benidorm o realizan inmersiones en la Llosa o la Mitjana cada año. Más de un cuarto de millón de visitantes, entre turistas y residentes, son usuarios de este Parque Natural anualmente, personas que demuestran el importante potencial del medio natural de nuestra provincia como complemento de nuestro destino turístico, complemento diferenciador y de calidad pues Alicante encierra en sus escasos 5.800 kilómetros cuadrados de superficie una diversidad de hábitats casi imposible de encontrar en otra región europea.

Un patrimonio que debe estar tutelado de manera continua por las distintas administraciones responsables de su conservación, conservación que en los últimos años ha sufrido un revés considerable en forma de recortes y que ha originado que el personal de nuestros Parques Naturales, como ocurre con Serra Gelada, sea totalmente insuficiente, y los proyectos de conservación que se llevan a cabo en este, prácticamente inexistentes. Cosas para cambiar a la mayor brevedad posible.

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Interpretación del Patrimonio ambiental y la historia de la piratería en Serra Gelada a bordo de un velero, en una actividad de Oxytours. Al fondo l’Illot de la Mitjana y a la derecha, la Cara del Elefante. Abril 2016.

Cada vez que visitas Serra Gelada, a pie o en barco, es imposible no ensoñar con ella, sentir con ella. De esta manera se es capaz de ver aquella barca de leyenda acercándose al acantilado y estando a  punto de estrellarse contra él, se introduce milagrosamente en la Cova de la Dona, con aquella doncella en su interior que escapó de los piratas y a la que descubrieron días más tarde, desfallecida, prácticamente muerta. No es difícil entrever a lo lejos esas mismas galeotas del turco que, fondeadas en la cala dels Illots, se esconden de la vista de los atajadores que recorren las alturas del acantilado buscándolas y así poder alertar a sus torres y estas a las gentes de la costa, eternamente en guardia y atemorizadas.

Cierras los ojos y oyes las historias de pescadores, piratas y focas en Benidorm y el Albir, las que escuchó Castelar. Ese tipo de pesca ya no se practica, esas focas monje ya no están, ni volverán jamás. Pero mientras perduren las paredes gigantes, entretanto naveguemos pegados al Cantal Roig o a través del canal de la Mitjana, las historias que cuenta el acantilado resonarán en nuestras cabezas, nunca se olvidarán y su recuerdo siempre estará presente.

 

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– Señalar que el acantilado de Serra Gelada, desde la punta Bombarda a la punta de les Caletes es una zona de acceso restringido del Parque Natural, por lo que para el desembarco y tránsito por dicho espacio es preciso contar con autorización. Más información sobre el Parque Natural y datos de contacto en este link.

– Recordar aquí a los compañeros de este Parque Natural con los que compartimos muchos días de trabajo, especialmente a Fernando Carmona que patroneaba el Changó el primer día que vi la duna de Serra Gelada desde el mar (y fueron muchos muchos más con él), a Eduardo Mínguez, que hizo caer en mis manos el texto de Castelar en Benidorm y a José Luis Linares, por ejercer de modelo en la foto de la duna fósil. A todos, gracias.

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67 llaves para una Identidad

Cuando éramos críos teníamos un juego de calle, uno que por encima del resto nos llevaba horas y horas recorriendo los pasajes de la Cuesta, de un lado para otro. Nos apasionaba coleccionar llaves perdidas y con ellas, intentar abrir candados ajenos. Íbamos cargados con manojos de llaves, la mayoría encontradas en la calle, oxidadas, pero una vez limpias y recuperadas para la causa, ingresaban en nuestro llavero para intentar abrir todos los candados que veíamos, sin maldad, simplemente por el hecho de poder abrirlos, por la satisfacción de conseguirlo, lo que aunque parezca difícil ocurría de vez en cuando. Con el tiempo el barrio se nos quedó corto y comenzamos a recorrer las Lomas, hacía el Palamó y Orgegia. Por aquel entonces y sin darnos cuenta, la atención de algunos comenzó a pasar de los candados a los árboles y sus nidos. También sin maldad, simplemente nos gustaba ver pájaros, nos encantaba recorrer las sendas que iban a media ladera entre los pinos de las Lomas, algo más arriba de los caminos por los que transitaba todo el mundo.

Lo bueno de recorrer estos y otros senderos es que están repletos de buena gente, afín a uno y a menudo, esa afinidad inicial se convierte en respeto hacia los que te acompañan en el camino, en el que acabas escuchando atentamente, en silencio y aprendiendo de los que saben más que tú, creciendo gracias a ellos. Hace pocos días compartí y disfruté una de esas conversaciones sin orden ni intención donde se hablaba de plantas, de tradición, de pasado, de futuro y, sobre todo, de Identidad. De identidad en la cocina, de tradición en la elaboración, de alma y corazón en lo que se hace, en lo que se sirve. Palabras que a menudo no se entienden en el mundo exterior pero que en la intimidad de ese sendero que subía hacia la montaña para penetrar en ella sonaban reales y sobre todo, necesarias. Hablan de la memoria gustativa, su recuerdo y evolución y de cómo se algunas personas tienen la firme convicción de presentarla en la actualidad en sus tiempos justos, que por supuesto son pausados y cercanos. Identidad, lo que te define, lo que has sido, eres y serás. Por supuesto, independientemente de si nos referimos a una persona, a la cocina, a un territorio o al turismo. Es lo mismo, todo uno.

Caminando por senderos perdidos en montañas encontradas, entre el Cavall y Aitana (Alicante). Noviembre 2015

Precisamente fue en esos mismos días cuando ha coincidido en el tiempo y en el contenido distintas noticias y eventos relacionados con el sector turístico y su futuro a corto plazo, todas ellas con un común denominador. Desde el Tourist Talent Networking Event de Madrid, donde se hablaba de la necesidad de escapar de productos encorsetados para posibilitar que el cliente sienta, se emocione y se sorprenda durante su estancia, destacando la necesidad de los profesionales turísticos en interactuar a nivel emocional con sus clientes, de transmitirles sensaciones que perduren. Pasión, o la evolución de la comunicación, siendo más importante como lo cuentas que lo que cuentas en sí. O qué decir del título que eligieron los alumnos de 4º curso del grado de Turismo de la Universidad de Alicante para el III Encuentro entre profesionales y estudiantes del sector turístico que tuvo lugar en el CdT de Alicante: Emociones en el sector turístico. Emoción y Pasión, necesidad de sorprender y una vez más, ser diferentes, proclamado bien desde el foro más global y mediático, bien desde el más pequeño y local, pero también más cercano y hasta quizás más auténtico.

III Encuentro entre profesionales y estudiantes del Sector Turístico. CdT Alicante, 10 diciembre 2015

O las recientes palabras de José Luis Gascó, director del Instituto Universitario de Investigaciones Científicas (IUIT) de la UA en el diario Información, bajo el título de «Nos creemos mejor de lo que somos» hablando sobre el turismo en nuestra zona como «no sabemos definir qué queremos que sea nuestra ciudad». Cambiad si se desea ciudad por provincia, destino, región, restaurante, hotel o museo. Todo vale.

Fue leyendo estas noticias y escuchando a ponentes cuando vinieron a mí las palabras pronunciadas por amigos desde aquel estrecho sendero, entre lentiscos, ruscos y aladiernos, y que hablan de tradición, de autenticidad, de emoción, pasión y genuinidad relacionada con la tierra, con sus gentes, palabras que quieren agruparse todas en una, todas en Identidad.

La identidad del territorio, por la que se ha apostado en zonas rurales como elemento clave para su dinamización social y económica, aquí parece no ser tan importante, presentándose a menudo difuminada y arrinconada. Quizás parezca que no es necesaria, el clima y las playas llenan los hoteles por si solos, es lo único que nos hace falta, y los tenemos de sobra. Aunque quizás no sea así para siempre, quizás haya que variar el rumbo de manera decidida hacia esa pasión, hacia una identidad bien definida. Si no lo hacemos continuaremos poniendo costosos e ineficaces parches, de tanto ofrecer experiencias que no emocionan, de diferenciarnos sólo en notas de prensa.

Arrós en ratlla i boniato. Restaurant Ca l’Angels, Polop (Alicante)

Esta identidad como territorio, habitualmente referida a aspectos ambientales y culturales, debe ser mucho más amplia y transversal ya que afecta a todos los niveles de nuestra sociedad, pasada, presente y futura. La eternamente demandada diferenciación del destino, el desarrollo de productos e iniciativas que complementen y enriquezcan la oferta turística de nuestra zona difícilmente llegarán si no somos capaces de entender esa identidad del territorio como factor de desarrollo, si no tenemos la capacidad de identificar las oportunidades que nos ofrece nuestro medio natural,  desarrollándolas de forma respetuosa y sostenible, estructurada y coherente. Por supuesto que se trabaja en esa línea desde hace un tiempo, pero necesitamos una mejor coordinación, conocimiento y colaboración entre instituciones públicas y privadas que nos permita ser cada día un poco mejor, un poco más diferente que el resto de destinos.

Parque Natural de las Lagunas de La Mata – Torrevieja, rutas ecoturísticas organizadas por el Ayuntamiento de Torrevieja y guiadas por Oxytours. Noviembre 2015

Habría que parar. Y volver a caminar lentamente por los valles de Laguar o Gallinera, por las laderas de nuestras montañas, desde Serra Gelada a orillas del Mediterráneo hasta las alturas de Aitana y Serrella, apartando a nuestro paso el carrizo en el Fondó y pisando tierras saladas en Monnegre o La Mata, viendo como el viento forma olas de cereal en Villena o navegar frente a la torre del Charco en La Vila. Quizás en uno de esos senderos, en uno de esos rincones estén las llaves necesarias que nos permitan mirar alrededor de otra manera, a sentir el suelo que pisamos, conectar con él, vivirlo como propio.

Es posible que no sean necesarias 67, quizás unas pocas o incluso una sola llave sea suficiente para abrir el candado, para ayudarnos a ser auténticos, únicos y a emocionar a nuestros clientes desde un barco, delante de los fuegos, sirviendo una mesa, a pie de excavación o buscando alas entre el arrozal.

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– Gracias  una vez más a David Ariza y Paco Teuler por compartir camino, flores, mesa  y vida pero sobre todo, montañas que como Paco bien dice, no son nuestras. Nosotros somos suyos. Si los queréis conocer, no dejéis de visitar la web del Restaurante Ca l’Angels de los hermanos Teuler o el trabajo de David.

– Gracias a J. Antonio Pujol, por compartir con tod@s su paseo de noviembre por La Mata y sus 67 llaves, que mi infancia hizo suyas. Tenéis el post sobre aquel día en la página de Facebook de Crónicas Naturales de Torrevieja, aquí.

– Gracias a los organizadores del III Encuentro entre profesionales y estudiantes del sector turístico de la Universidad de Alicante. Un evento que, desde la sencillez y la pasión, permite compartir vivencias y experiencia entre distintos ámbitos del sector turístico de nuestra zona, enriqueciendo tanto a estudiantes como por supuesto, a profesionales.